jueves 23 de abril de 2009

El Popular

Recién acabo de reparar en una publicidad que me insta a presumir de los fans que pueda tener en mi blog. La verdad es que apenas puedo contener la carcajada. Creo que recibo un comentario cada cuatro meses. Por lo general a nadie le importan demasiado mis desvaríos, y a mí me importa menos que a los demás no les importe. Es feo confesarse en público, pero el ejercicio de escritura que implica poner al día mi blog paga su propio precio. Algún día seré mucho mejor escribiente de lo que soy en el presente, y gran parte de eso tendrá que ver con los ejercicios pretendidamente públicos que aquí extiendo.

Una de las cosas que más detesto en la gente es la pretensión imperativa de ser atendido. Dicho más criollamente la idea compulsiva de que otras personas nos deben algo, o que tendrían que tenernos en cuenta. Trato de no exigir prerrogativas de ese tipo, y me irrita mucho que se me hagan reclamos en tal sentido. Juro que aprecio ciertas atenciones, como dejarme comentarios en las entradas de blog. Pero no las exijo ni las espero. Aún así, gracias a todos aquellos que han dejado uno que otro comentario.