Según yo, no todas las ideas contagiosas son verdaderas. Varios modelos teóricos intentan explicar el contagio de ideas. Algunos son interesantes, otros, desde mi punto de vista, sencillamente implausibles. Tengo mis candidatos preferidos dentro del espectro teórico, pero no voy a hablar de eso hoy. Mi tema es la suerte.
La suerte, el azar, es un tema bastante complejo. No voy a aventurarme en una materia que ha hecho recular a filósofos y pensadores de gran envergadura. Simplemente voy a confrontar una noción falsa, pero altamente contagiosa: la idea, que escucho a cada paso, de que la suerte es para los mediocres.
Uno pide que le deseen suerte, y automáticamente te desean éxitos rematando:la suerte es para los mediocres. Francamente me deja perplejo. Estoy convencido de que la suerte es uno de los factores que más importancia tienen en la vida, y siempre estoy en ejercicio de tentarla. Uno de mis mayores anhelos es que tenga a bien favorecerme en cuanta ocasión se presente.
Creo atisbar las razones que subyacen a una idea tan curiosa. El factor suerte no depende de las acciones que uno emprende. Y a los seres humanos no nos gusta pensar que existen cosas fuera de nuestro control. Pero las hay, y muchas.
La idea no deja de contener un grano de verdad. Es cierto que debemos estar preparados para recibir el impacto de la suerte. Si no estamos tirando la red es difícil que pesquemos algo. Ayudar a la suerte depende en alguna medida de nosotros. Pero como han observado mentes mucho más lúcidas que la mía, esposible, solamente posible, que nunca se encuentren el hambre con las ganas de comer. Tal como veo el mundo, se me representa poblado de numerosísimas personas talentosas y emprendedoras, de las cuales muy pocas lograran el éxito estruendoso y la celebridad. Los demás harán, probablemente, muy buenas carreras “medianas” de las cuales sólo estarán anoticiados sus parientes y amigos, y poco más. Tendemos a rodear de un aura particular a personas de renombre, sin duda talentosas y esforzadas, pero que desde mi punto de vista están a la misma altura de otros que no tuvieron la suerte de encontrarse en el lugar y el momento adecuados.
Para empezar, uno nace en unas circunstancias específicas. Algunos son agraciados con la fortuna de venir al mundo en una familia que dispondrá de recursos suficientes para respaldar cualquier iniciativa. Otros nacen despojados de todo. Unos conocen a las personas justas en el momento adecuado. Otros llegan cinco minutos tarde (por pinchadura de neumático, piquete en la ruta o lo que fuere). Y así. Nadie busca negar la importancia de las cualidades personales, los talentos y el esfuerzo. Simplemente pretendo señalar que todas esas virtudes pueden ser coronadas por la suerte. Pero también pueden malograrse. Entre tanto accidente fatal, no podemos estar seguros de que el último Tsunami no se llevó puestos dos Beethoven y tres o cuatro Albert Einsteins en potencia. O de que uno de los Beethoven se lo llevó el Tsunami, y el otro no pudo ir de vacaciones porque entró de empleado bancario para mantener a la novia que embarazó y ya no se puede dedicar a la música…
Hagamos un experimento mental rapidito antes de cerrar. Supongamos que eliminamos la flecha del tiempo y podemos observar (desde una perspectiva que no es la de los participantes) la serie de tiradas de una ruleta. Supongamos, para quitar fricción a nuestro experimento, que una serie de jugadores pueden apostar por un número en cada tirada. Coloquemos en una matriz cada serie de jugadas. O, mejor aún, generemos aleatoriamente varias series numérica dentro del rango de apuestas, y pongamos una etiqueta, también numérica, a cada una de estas series. Esto nos dará un conjunto de “jugadores” que podemos llamar, por comodidad, JUGADOR-1, JUGADOR-2,…, JUGADOR-N. Después pongámosle un smoking y una actitud de James Bond a cada uno de ellos. Si la serie de jugadores que generamos es lo bastante amplia, la mayor parte de ellos serán perdedores, tendremos unos cuantos mediocres, pero también puede que encontremos algún bullicioso ganador. Es probable que nuestro agraciado JUGADOR-20453785 salga del casino virtual con la cabeza erguida, un par de chicas acompañándolo, y confronte la mirada de los rezagados rezando con toda seguridad: no es cuestión de suerte, la suerte es para los mediocres. Y además, si lo dotamos con una psique humana debajo del smoking, estará convencido de ello.
2 comentarios:
Hola,me gusto mucho lo que lei en tu blog,y este articulo en particular. Queria pedirte permiso para postearlo en mi blog www.elpocoteparanoico.blogspot.com
un abrazo.
gabriel acosta
Publique y use, nomás. Gracias por el comentario. Abrazo...
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